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Por el Lic. Víctor Álvarez
Este no es el primer artículo publicado por consecuencia de esa problemática.
En República Dominicana, una gran parte de presos, internos o reclusos, cualquiera de los nombres con que se les quiera llamar a las personas privada de su libertad, mantienen una nueva modalidad delictiva, mediante la cual estafan a ciudadanos.
Esta modalidad consiste en llamar a residencias y aprovechándose de la sensibilidad de personas incautas (menores de edad o el servicio doméstico), logran que estas les entreguen objetos de valor, teles como dinero en efectivo, prendas preciosas, efectos electrodomésticos o cualquier otro objeto de valor, como pago para resolver alegada situaciones de peligro en que se encuentran personas relacionadas con la residencia a la que llaman.
Una de las tramas más comunes es la de llamar y alegar que la señora tuvo un accidente de tránsito en el cual murió una niña, por lo que está detenida y se requiere de determinada cantidad de dinero para liberarla, y que en caso de no tener efectivo a mano, que lleven prendas, teléfonos o cualquier objeto de valor.
Ante tal situación y la desesperación que conlleva, la persona con la que interactúan en muchos casos caen víctimas de estos estafadores y se apropian de estos valores.
Esta modalidad de robo, aunque sea contraproducente, se produce debido a que los “internos” tiene en sus celdas computadoras Laptop con Internet banda ancha, teléfonos celulares inteligentes (BlackBerry o Iphone), así como a los medios de comunicación escritos, radiales y televisivos.
Esta realidad choca con la definición de la palabra “cárcel” en el sentido de que se trata de un local destinado para la reclusión de presos.
Asimismo define la palabra “regeneración” como la acción y efecto de regenerar, otra definición aplicada a los organismos vivos, señala que es la reconstrucción por sí mismo de sus partes perdidas o dañadas.
Si analizamos ambas palabras (cárcel y regeneración), notamos en su esencia que el sistema penitenciario tradicional no cumple con su rol, ya que los presos disfrutan de privilegios que se traducen en hechos delictivos en perjuicio de la sociedad.
Es justo reconocer el avance y control existente en los 13 recintos del Nuevo Modelo de Gestión Penitenciaria, que ejecuta la Procuraduría General de la República, donde los internos son sometidos a mayor supervisión y terapias regenerativas.
No obstante, ante la realidad que se observa en el sistema penitenciario tradicional o “viejo modelo”, urge implementar una campaña para prevenir que desde las cárceles las personas privadas de libertad sigan estafando ciudadanos a través de llamadas telefónicas y correos electrónicos a hogares y empresas.
Al respecto, el canal “Discovery Channel”, frecuentemente transmite documentales sobre la vida en las cárceles de máxima seguridad de los Estados Unidos, donde se presenta la forma y métodos que allí se utilizan para impedir los privilegios a los individuos que han violado la ley, tales como el uso de teléfonos y otros medios de comunicación.
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